viernes 30 de octubre de 2009

No. 18

Morir era fuego y enredadera de insomnios,
pesadilla mejor aún;
árbol sembrado en la garganta,
ahí también me anidaban los silencios,
me anudaban las venas;
relamían sus zetas y sus jotas.

tantos números reproduciéndose uno sobre el otro,
otro dentro de otro
y otro desde otro más complejo,
casi infinito,
casi tus ojos de aguja zurciéndome las erres y las haches

morir era lento y placentero,
invernadero de topacios;
crianza de cangrejos;
holocausto de tomates asfixiados…

morir era morir
y nada mas…
no en tus manos, no en tu boca,
morir y nada mas…

sábado 17 de octubre de 2009

No. 17 (Fragmento)

Si la decisión de morir no fuera nuestra, tal como dejó de serlo la vida, que sigue siendo de mis manos, de mis pies y de mi boca: de mis manos obligándome a respirar la ausencia, de mis pies llevándome a un rostro inmóvil, de mi boca, impaciente por morir desangrada en versos; la muerte sería autómata e independiente. Justa en el momento justo, cuando las mariposas doblan el sonido intrínseco de un beso bajo el agua; cuando la piel se pudre bajo la piel de las palabras; cuando un adiós no es hasta luego y menos suficiente.

Entonces sería absurdo creer en estas líneas que han aprendido a despertar en plena madrugada, que brincan sin destino fijo desde la almohada, abriéndose paso en la penumbra hasta el umbral de mi desdicha donde habita mi carencia absoluta de motivos, donde guardo una luz intermitente de aguaceros de diamante y oro enmohecidos, donde tengo un respiro de papel antecediendo a la tormenta que viene llegando de puntillas y en silencio; bajando entre los campos de azucena, con los ojos puntiagudos y el vientre congelado y disponible.

La vida es un infierno de instantes olvidados, un poema sin sentido, una bala rasgando la amargura. Sigue siendo tan difícil recordar tu voz en estos días, entre callejones desolados y guitarras sordas. Hemos destruido los conceptos básicos de la nada, a través de la ilusión, la metáfora y las ganas. Me deleita la sonrisa infortunada de unos cuantos versos mal logrados, como alivio al desconsuelo implacable de entretejer ideas superpuestas, entremezcladas con orín y aliento a chocolate.

Para hoy, mi vida en esta carta a nadie. Al abandono sistemático de mis oídos enrollados en el piano o el violín. Al dolor incalculable que me inunda la sangre y me circula en llanto desde adentro; para él mi carta, para él; quien nunca dijo nada mientras explotaba sus sentidos de televisión y buen café: dolor de espinas en los labios. Para vos mi vida en esta carta, muerte forastera de calles empedradas, ahora hozo escupirte acentos y figuras retoricas en el rostro, pero te sigo extrañando; tanto como al grillo y a la playa de cenizas rojas y piernas largas.

Por hoy, mi vida en esta carta a nadie. Con remitente de cualidades intermedias y dirección constante y aburrida, con destinatario en blanco y al desnudo. No sé si usted lee las líneas o solo las imagina, tal como imagina las paredes de clavel y tinta china, tal como el papel ardiendo en llamas. ¿Imagina? No lo sé. Quizás el viento es infeccioso desde que no estás, porque respiro la nieve y el tango enajenado de la muerte. Para hoy, mi muerte inherente y anhelada. Y la astucia de la luna hecha trizas vagando por las calles. Pequeña y moribunda; por hoy prefiero no vivir con estos días apilados.

sábado 3 de octubre de 2009

No. 16

Extrañarte sabe a cruda madrugada de pan y medicinas sin receta para poder dormir, he perdido el sueño tantas veces desde que no estas; generalmente cuando me detengo a la orilla del mar y veo hacia arriba romper el oleaje en mi pupila... Silencio. Enorme y fuera de sí, a veces pierdo la nocion del tiempo cuando intento despertar; siempre o casi siempre, es demasiado tarde para cosechar arbustos de papel y besos azucarados; rompo en llanto y me detengo a fumar pensando en el aleteo demencial de mi lengua sobre una sombra triste, claro, en mi cabeza conjugando pasados inauditos.

Las estrellas van iluminando un nuevo camino, sin tos, pues lentamente desaprendo el vicio de fumar nostalgias

miércoles 23 de septiembre de 2009

Parentesis No. 1 (asociación delictiva)

jueves 10 de septiembre de 2009

No. 15

He amado cada trazo,
cada punto, cada acento;
cada raya que sale inexorable de la boca de mi mano,
ninguna forma cobra forma por azar;

He amado la letra que nace desnuda,
a mitad del bosque de acertijos,
justo en medio del pantano.

He amado el silencio de los ojos.

He amado mi voz en la penumbra
y, cansado a veces,
me detengo a respirar tu asusencia…

lunes 7 de septiembre de 2009

No. 14



un delgado hilo de susurros
sigue huyendo de mi boca,
mis labios desgarrados sangran tu nombre,
dibujarte ya no es suficiente,
la tinta y el papel ya no lo soportan,
el callejon oscuro sigue acechando mi mirada,
veo tu sonrisa y pienso...
- no sé que pienso -
quizas en ella o en ti,
da lo mismo...
la ausencia es cristalina
cuando me oculto entre las llamas;
me paro frente al espejo
y fumo...
- no sé que fumo -
quizas tabaco quizas no,
da lo mismo...
enciendo la television buscando auxilio
pero nadie se detiene a conversar,
recorro los canales cómo recorrer el mundo con un dedo,
me detengo y bebo
- no sé qué bebo -
quizas tristezas disipadas o amapolas liquidas,
da lo mismo...
no he encontrado la manera
de hacerte regresar...

domingo 6 de septiembre de 2009

No. 13

La tristeza estalla cada martes,
cuando el reloj se vuelve de papel y cartón.
Los ríos de algodón azucarado
hoy desbordan amapolas platinadas
y jalea de azafrán;
El silencio viene después,
con las aves de cristal
y los pequeños crucigramas con tu nombre.

Es la hora del lagarto y el café,
la hora del abrazo, rodajas de recuerdos
sobre tus mejillas sonrojadas.

Me dejo estrangular por la nostalgia de un papel
colgado en la librera.

Ojos Krakatoa y aliento a leche con chicle de frambuesa,
tus pasos se perdieron en mi bosque,
tus manos diminutas
han perdido la razón en mi cabeza.

Me es tan difícil recordar tu voz en estos días.

Tus gestos congelados me sirven de consuelo
ante la tormenta inevitable de ésta noche,
humo de agonía entretejiéndose en las sombras,
preguntar ¿por qué? No tiene caso.

Las estrellas siguen enredadas en tu pelo
y una tristeza infinita cobra cada día
un instante más de eternidad…

Voy a alimentar a los cuervos de mis versos
enterrándome en la playa de cenizas
que almaceno en la gaveta.

Voy a desenredar tu nombre
y colgarlo en la punta de mi lengua,
voy a esparcir mis ojos
sobre la madrugada fría,
voy a fumarme un poco de tu ausencia
en honor a las pastillas
y el pastel de chocolate
que aun guardo para ti…